Mil gramos de felicidad

Y la felicidad sonrió al destino, en cuyos hombros dormitaba, y allí se balanceaba solitario, en la telaraña del tiempo, sin prisas ni anhelos sofocados, con la paciencia de un sabio, expectante; en su tibia mirada brillaba el ocaso del invierno, y a la primavera dejando acceso su corazón ensanchaba lucio, latiendo a ritmo desbocado, el nombre de un amor …

Las luces que brillan

En mi cielo hoy brillan luces que jamás nunca brillaron, si hubieran de verdad brillado brillantes antes se habrían asomado y brillando brillantes con su brillo me habrían traído brillosas las luces que hoy brillan conmigo.